Ver qué pasa en casa desde el móvil da mucha tranquilidad: la mascota, los mayores, un paquete que llega. Pero una cámara conectada a internet también abre una puerta que conviene cerrar bien. Con unos cuantos cuidados, ganas seguridad sin perder intimidad.
Lo primero, la cuenta
La mayoría de sustos con cámaras domésticas no vienen de hackers sofisticados, sino de contraseñas débiles o repetidas. Pon una clave larga y única, y activa la verificación en dos pasos. Es la barrera más importante y la más sencilla de levantar.
Dónde colocarlas
Piensa bien qué encuadras. Las zonas comunes como la entrada o el salón tienen sentido; los dormitorios y baños, mejor evitarlos. Y si grabas la calle, procura no apuntar a la vivienda del vecino, porque ahí entran cuestiones legales.
Buenas prácticas
- Mantén la cámara actualizada; las actualizaciones tapan agujeros de seguridad.
- Revisa quién tiene acceso a la aplicación y quita cuentas viejas.
- Valora el almacenamiento local, en una tarjeta, frente a la nube.
- Tapa o apaga la cámara cuando estás en casa si te incomoda.
Un punto a considerar
Muchas cámaras ofrecen guardar la grabación en la nube por una cuota mensual. Es cómodo, porque si te roban el aparato la prueba sigue a salvo, pero implica confiar tus imágenes a una empresa. Decide según lo que vayas a grabar. Bien configuradas, estas cámaras son una herramienta estupenda; mal configuradas, una ventana abierta.